1 jul

Obama posa en dificultats a Hollywood

“El Águila se mueve”. Seguramente estamos más familiarizados con el nombre en clave que el presidente de los Estados Unidos tiene en el cine y la televisión que con algunos protocolos de nuestros políticos. De hecho, el mundo audiovisual ha jugado un papel esencial en el conocimiento general de la figura del presidente y ha generado, sin duda, el deseo de muchos de llegar a ser presidente. Pero este patrón, esta imagen está cambiando: la Casa Blanca de Hollywood está de reformas.

Obama ha llegado a la Casa Blanca, y con él el mundo del cine deberá buscar una nueva manera de reflejar la presidencia: los típicos encuadres cinematográficos del presidente sexagenario, WASP de pelo canoso y pose altiva chirría con la realidad que hoy se vive en el 1600 de la avenida Pensilvania.

Ser presidente de Estados Unidos tiene mucho que ver con el cine y la televisión. Estos medios se han encargado durante muchos años de abrir las puertas de la Casa Blanca a los ciudadanos que, a su vez, se han generado una imagen muy determinada de lo que es o debe ser un comandante en jefe.

Hagan memoria de algunas películas que seguramente hayan visto, desde “Air Force One”, donde Harrison Ford salva su propio avión que ha sido secuestrado a “El Presidente y Miss Wade” una romántica historia del viudo mandatario que encarna Michael Douglas. Ambos tienen mucho en común con los papeles que protagonizaron Peter Sellers, Jack Nicholson, Jim Curley o Kelsey Grammer.

Si deciden ver el último film de Kevin Costner, “El último voto”, observaran como el presidente que intenta convencerle para que lo vote guarda muchos parecidos con el que protege el duro Clint Eastwood en la mil veces vista en televisión “En la línea de fuego”. Y si hacen memoria, los ejemplos les afloraran casi sin querer.

Hollywood deberá encontrar la nueva manera de reflejar lo que supone ser presidente en el siglo XXI. En realidad el cambio tiene más que ver con la juventud, las formas y el impulso de este presidente que con su color de piel: Obama está haciendo una labor extraordinaria en rejuvenecer la presidencia, como concepto. Desde el huerto en la mansión presidencial a las escapadas a Nueva York del matrimonio más famoso de América. Desde la diferente historia de un perro de perrera a los horarios y el protocolo en el Ala Oeste.

El reto de encarnar una presidencia del siglo XXI para el espectáculo del siglo XXI está encima de la mesa. Como lo sería si Hillary Clinton hubiese sido nominada candidata demócrata y elegida presidenta. El cine americano también tiene sus propios clichés para las mujeres que ejercen algún cargo en el ejecutivo: desde el bajo perfil de algunas vicepresidentas de la ficción al extraño encaje del personaje de la presidenta Mackenzie Allen de la serie de televisión “Commander in Chief”, que muestra el ascenso sin querer de una vicepresidenta independiente tras la muerte de un presidente republicano. Papeles que muestran a presidentas más dependientes que los presidentes; aunque también se han atrevido a caracterizar el ejercicio femenino de la política con figuras extremadamente violentas, como la vicepresidenta Caroline Reynolds en la famosa serie “Prison Break”.

El impulso de la nueva presidencia hará llegar sus tentáculos también al mundo de la ficción: ya lo hizo la presidencia de Clinton, ejerciendo una gran influencia en la premiada y reconocida serie “El Ala Oeste de la Casa Blanca”. No sólo en su trama, sino también en la proximidad del papel que hizo de Martin Sheen el comandante en jefe más querido de la televisión. Aunque ese camino no es unidireccional, algunos apuntan a la extremada coincidencia entre esta misma serie y la presidencia de Barack Obama.

Sea como sea esa relación, apuesto a que pueden decirme diez películas donde salga un presidente americano, pero no podrán hacerlo lo mismo con nuestro cine o nuestra televisión. Aunque les recomiendo que estén atentos a identificar estos cambios: no tardarán en notarse, porque el águila seguirá moviéndose.

Publicat avui a La Vanguardia

29 mai

El Falcon del President

Si preguntem de cop en una conversa de bar, com es diu l’avió del president dels Estats Units, més d’un aixecarà la veu i exclamarà “l’Air Force One!”. No serà perquè tinguem una especial predilecció a la figura del president americà, sinó per la influència del cinema i les sèries nord-americanes. Coneixem millor l’Ala Oest de la Casa Blanca que La Moncloa o el Palau de la Generalitat.

Potser per això som més vulnerables a una polèmica que ha pres força en aquesta campanya electoral. Anem als antecedents: el President Zapatero va viatjar en un avió “Falcon” de les Forces Armades per assistir a un míting a Sevilla. Segons el PP, això suposa un malbaratament de diner públic i afirma que el President no ha d’usar un avió de les Forces Armades per a ús privat.

Què és privat i què deixa de ser-ho en l’exercici d’un càrrec? No és objecte d’aquest post respondre. El que sí que comentarem és l’esfera simbòlica que té un Air Force One i la que no té un Falcon.

Encara que l’Air Force One (que no és un avió, sinó qualsevol avió que transporti al president, encara que tingui els famosos Boieng 747 com a referent) i el Falcon tinguin les respectives unitats militars que s’encarreguen del seu manteniment, serveixin per a transportar al President, responguin a una sèrie de mesures de seguretat (sabíeu que l’Air Force One sempre entra en un aeroport amb públic per l’ala esquerra per no deixar al descobert la zona presidencial?), no tenen el mateix valor per a americans que per a espanyols.

Per als americans l’Air Force One representa un tentacle més d’allò què és presidencial. Ningú s’atreveix a qüestionar el seu ús i entén que, essencialment per motius de seguretat, el President no pot volar en una línia regular, encara que vagi a un acte privat. Fins i tot en campanya electoral.

El simbolisme, no només del Falcon, sinó de tot el que envolta al President del Govern espanyol no és tan potent. No té la mateixa càrrega per als ciutadans; és un polític. Si bé és cert que no és Cap d’Estat com sí ho és el dels Estats Units, el seu paper és fonamental en la vida institucional del país. Per tant, la seva seguretat és tan important com la del seu homòleg americà.

Aquestes qüestions troben en aquesta absència de valor del treball que té un president i en la crisi econòmica el context perfecte per a les crítiques que poden ratllar la demagògia. Va passar amb Benach, persona que passa diàriament hores en el seu cotxe i que utilitza per treballar. I ara passa amb Zapatero.

Segurament si el simbolisme dels càrrecs estigués més consolidat, a ningú se li ocorreria dir que la presidència del país malgasta fons públics per utilitzar un avió que manté segur al president. Com tampoc qüestionaria que una persona com Mayor Oreja utilitzi el seu cotxe oficial i escorta per anar a missa els diumenges (tots sabem de la seva condició d’amenaçat per ETA) o que Aznar i Rajoy utilitzaran els mateixos Falcon per a actes privats.

No sé com afectarà això realment a una campanya que està essent massa estranya. Una campanya sobre Europa que té en un avió gestionat pel Grup 45 de l’Exèrcit de l’Aire, l’avortament i les violacions, els senyors de vestit a mida i la crisi econòmica els seus pilars. No sé com afectarà a la campanya, però sí que farà mal a la imatge del Govern en una cosa que no hauria de debatre’s.

Potser hem d’anar pensant en demanar-li a González-Sinde que vagi redactant un guió per una pel lícula que es titula “Falcon One: l’avió del president”.

12 feb

Lincoln y Obama

Quan es conmemora el 200 aniversari del naixement de Lincoln, reflexiono a La Vanguardia sobre els paral·lelismes entre els dos presidents.

El azar ha querido que en el día que se celebra el segundo centenario del nacimiento de Abraham Lincoln, Barack Obama sea presidente de los Estados Unidos. Esta asociación, más allá del azar, no deja de tener unos tintes de asombroso paralelismo histórico que darían para elucubraciones esotéricas por doquier.

Doscientos años atrás, nacía en un pueblo de Kentucky el hombre llamado a ser el decimosexto presidente de la nación fundada por Washington. Un presidente que sería recordado, admirado y respetado a lo largo de los años. Quizás sea por la fuerza de su relato personal, un hombre humilde y hecho a sí mismo que tenía como prioridad principal de su vida política mantener la unidad de la nación que no llegaba ni a los 100 años de historia.

Para los que no conozcan en exceso los pormenores de la historia de el primer presidente republicano de la historia de los Estados Unidos, trataré de resumirles lo trascendente del momento histórico que lo encumbró, con la mayor Guerra en suelo americano como protagonista. La Guerra Civil o de Secesión dividió el norte y el sur durante su presidencia, con el reto presidencial de mantener unido el país. Cosa que finalmente sucedió. De Lincoln nos quedan para la historia algo tan importante como el Acta de Proclamación que abolió la esclavitud. O el discuro de Gettysburg en que dijo la tan repetida frase de “el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo, no desaparecerá de la Tierra”.

Lincoln ha sido un modelo para muchos presidentes. Infinitamente citado y estudiado, el primer presidente asesinado de la historia del país tiene hoy un lugar de honor en el Mall de la capital, Washington. El Lincoln Memorial guarda mucha similitud con una iglesia: al entrar en él, el visitante siente una terrible emoción, empequeñece de golpe ante tal monumentalidad.

Obama es uno de estos presidentes. Al igual que Lincoln, el presidente inició su carrera política en la legislatura estatal de Illinois, estado por el que ambos fueron elegidos para cargos en el Congreso. Como Lincoln, Obama tiene entre sus misiones la de unificar el país que estos ocho años ha visto como se escindía en lo más profundo. Los tiempos han cambiado, pero Obama seguramente cree que el objetivo de su presidencia, más allá de las políticas que se llevarán a cabo, tiene mucho que ver con lo mismo que hizo el republicano: cambiar el país.

Lo que para Lincoln fue la abolición de la esclavitud, para Obama podría ser hacer de los Estados Unidos un país sin desigualdades, ya sean raciales, sociales, económicas, sexuales o religiosas. O un país más verde. En todo caso, no es baladí el reflejo en Abraham Lincoln.

Obama ha mencionado al presidente Lincoln en más de una ocasión durante su campaña. Lo hizo en el discurso de aceptación de la nominación y en el discurso de victoria. Es un referente que está en el imaginario colectivo de los americanos que ha querido reclamar.

La coincidencias entre las vidas de estos dos líderes van más allá de sus relatos: su oratoria, su juventud al tomar el cargo, la vida con sus familias en la Casa Blanca; incluso el camino en tren hacia Washington para la toma de posesión. Aunque esta última reviste más homenaje del 44 al 16 que otra cosa…
Sólo el tiempo dirá si Obama consigue traspasar su tiempo con su historia y su legado. Hoy, los americanos celebran el nacimiento de Lincoln y recuerdan el episodio de su historia que escribió con su acción política y con su sacrificio último que conmocionó a una nación dividida.

14 gen

Inauguration Day

En què consisteix la presa de possessió de Barack Obama? Què podrem veure la setmana que ve? Més detalls a l’article publicat avui a La Vanguardia.

En menos de una semana, la Casa Blanca albergará a un nuevo presidente y a su familia. Será la confirmación, una vez más, de la continuidad, el cumplimiento de la tradición. Pero sobretodo, del correcto funcionamiento de un sistema político que ha hecho de la alternancia democrática su principal fortaleza. Todo está preparado en Washington para la toma de posesión de Barack Obama. Veamos los puntos clave para entender la ceremonia que tendrá lugar el próximo martes.

El misticismo republicano: el martes veremos una toma de posesión que poco tiene que ver con nuestras investiduras parlamentarias. De hecho, se trata de una celebración más próxima a una entronación republicana que a la investidura de un jefe de gobierno a la que estamos acostumbrados. El hecho diferencial, su condición de jefe de Estado y comandante en jefe; conlleva una celebración casi mística de la continuidad de los pilares del Estado.

El lugar: la investidura se produce en el Congreso americano, en las escaleras del Capitolio. Exactamente, en la escalinata occidental del edificio. Aunque el Presidente no es elegido por el Congreso, sino por un colegio electoral, es una tradición que él acuda al poder legislativo para tomar posesión de su cargo. La escalinata ha ido cambiando a lo largo de los años, por ejemplo, Kennedy tomó posesión en la escalinata oriental. La segunda investidura de Reagan, por ejemplo, se hizo en el salón ovalado interior, conocido como Rotunda, por culpa del frío extremo. Se contempla la venda de entradas y la instalación de millares de localidades para invitados y asistentes. En el caso de Obama, se agotaron las entradas en un minuto.

  • El protocolo: la ceremonia, como muchas cosas relacionadas con la presidencia americana, tiene poco espacio para la innovación y el cambio. Los expresidentes serán invitados a asistir y el presidente saliente compartirá camino con el electo. El saliente entrará antes que el entrante (valga la redundancia) y se sentará a la derecha de sus pantallas. Antes de empezar el acto, entrará Barack Obama y bajará las escaleras hasta situarse a la izquierda de la imagen que nos ofrecerá la televisión o Internet. Con él estará su esposa e hijas. Otro actor imprescindible es el presidente del Tribunal Supremo, que tomará juramento al nuevo presidente. Joe Biden habrá tomado posesión de su cargo antes.
  • El acto: la toma de posesión tiene dos momentos culminantes, el primero es el juramento (oath of the office) y el segundo, el discurso inaugural. Entre tanto, se sucederán otros actos como un sermón, que será oficiado por Rick Warren; y actuaciones musicales.
  • El juramento: La primera familia entrará en escena. Michelle Obama sostendrá la Biblia sobre la que Lincoln juró su cargo, con la presencia de sus hijas. El uso de la Biblia no es obligatorio, pero se cree que sólo un presidente no hizo uso de ella. Obama, siguiendo una antigua fórmula, jurará el cumplimiento fiel de las obligaciones del cargo de presidente de los Estados Unidos, y con la mayor de las habilidades, proteger, preservar y defender la constitución del país. Cuando Obama repita las palabras del presidente del Supremo, sonará el himno que acompaña al presidente; el “Hail to the Chief” y se sucederán 21 salvas en su honor. Durante toda la ceremonia, estos himnos sólo serán interpretados por la banda de marines, el conjunto musical que acompaña siempre al presidente.
  • El discurso: tras la toma de posesión, Barack Obama se dirigirá a la nación y al mundo con uno de los discursos más esperados de los últimos años. Un discurso inaugural suele contener los grandes trazos que plantee la dirección de la política de la nueva administración. La duración no está prefijada. Se trata de uno de los momentos más importantes durante el mandato, ya que como todo en la vida, una buena impresión iniciar ayuda a gestionar las percepciones a partir del primer momento de la recién estrenada presidencia. Se recuerdan grandes discursos inaugurales. Quizás el más famoso es el de Kennedy, cuando pidió a los ciudadanos que no se preguntarán que puede hacer el país por ellos, sino que pueden hacer ellos por el país. Roosevelt afirmó que sólo se podía temer al miedo mismo y Clinton abogó por una nueva coalición cívica para superar los problemas. Tras una campaña plagada de discursos excelentes, las expectativas ante este primer discurso presidencial de Obama son altas. No sabremos si pondrá la luna como nueva frontera, tal y como hizo Kennedy, pero seguramente pondrá en marcha con su retórica el espíritu del país.
  • El almuerzo: tras el discurso, el Congreso ofrece un pequeño almuerzo al nuevo presidente.
  • El desfile: en cuanto termine el almuerzo, el presidente bajará desde la colina del Capitolio a la Casa Blanca. Carter hizo el trayecto a pie, pero por medidas de seguridad ahora sólo se hace una parte del mismo. En cuanto llegué a la Casa Blanca, pasará revista a las tropas desde el pórtico norte de la mansión.
  • Los bailes: durante el día, se celebran varios bailes en honor del presidente, a los que asistirá y bailará alguna pieza. Es tradición que varias entidades los organicen, como la George Washington University o la celebración del baile inaugural latino dónde Alejandro Sanz será un artista invitado.

Este es el esqueleto de una celebración que ha cambiado a lo largo de los tiempos, pero que ha mantenido elementos esenciales durante los últimos 230 años. Es un momento cumbre en la tradición de un estado joven y brilla por el simbolismo que es capaz de destilar, y si no, fíjense en las banderas que cubrirán el Capitolio, podrán ver los diferentes estandartes que ha tenido el país a lo largo de su historia.

Si tienen oportunidad, no se pierdan la investidura de Barack Obama. No sólo estarán presenciando un momento histórico, también estarán viendo en todo su esplendor una engrasada máquina simbólica, protocolaria y, por qué negarlo,  una excelente máquina del espectáculo que les sorprenderá. Por alguna razón las amplias celebraciones se alargan 10 días…

8 gen

Mr. Obama goes to Washington

Avui publico a La Vanguardia aquest article:

Quizás alguna edición de periódico en algún lugar del mundo tituló a inicios de esta semana con “Mr. Smith goes to Washington”, el título de la famosa película de Frank Capra, la llegada del presidente-electo de los Estados Unidos a su capital federal. Podríamos relatar ese momento con un tono épico, como el que sabía utilizar Federico Trillo al hablar de la reconquista del islote Perejil, pero pese a llegar en un avión de la Air Force igual que los que utiliza el presidente, no se trataba de ninguna operación de rescate para darle ese tono.

Lo que sí supone la llegada de Obama a Washington es un momento histórico, como todos los pequeños hitos que estamos viviendo desde el pasado 4 de noviembre. La toma de posesión se acerca y poco a poco se intensifica esta carga simbólica-histórica que rodea al presidente-electo. Hablemos un poco de este período. Soy consciente de la dificultad en comprender un proceso de transición de poder tan largo: en nuestro sistema político vemos como, en cuanto hay una mayoría parlamentaria que sustente al presidente (ya sea del gobierno español o de cualquier comunidad autónoma) éste se somete a una votación de investidura que lo convertirá en jefe del ejecutivo. Jurará o prometerá su cargo y formará su gobierno. Hay casos y casos, pero no nos situamos en los casi dos meses y medio de período entre administraciones que se da en el país del Tío Sam.

¿Por qué se produce este período tan extenso? Hay razones históricas y políticas. El sistema diseñado por los padres fundadores tenía poco espacio a la improvisación y todas las decisiones tenían una razón de ser. La más imperiosa, sin duda, se refiere a la necesidad de cambiar completamente la Administración, o sea, del nombramiento de más de 2.000 cargos durante este tiempo. Algunos cargos son de aprobación directa del presidente, pero otros deben ser ratificados por el Senado. Esta es otra muestra de la voluntad de tener poderes separados y que se controlen entre sí por parte de los fundadores. Es una cuestión operativa: no es fácil borrar del día a la mañana a 2.000 cargos gubernamentales.

Más allá de las razones políticas también existen razones históricas. Hasta 1937, la investidura tenía lugar el 4 de marzo siguiente a las elecciones. Este excepcional período de tiempo respondía a lo que podían tardar los miembros del colegio electoral en emitir sus votos presidenciales y desplazarse por el país. Afortunadamente, la revolución en los medios de transporte ha dejado ya en una mera consideración de operativa política el extenso período.

Durante estos dos meses y medio, el papel del presidente-electo no es fácil, como tampoco lo es el del presidente saliente. Estos meses sirven para que el primero forme su ejecutivo, presente a sus miembros y dé pistas sobre sus acciones futuras, tal y como hemos visto hacer a Obama desde su victoria electoral. El segundo, suele usar este tiempo para pasar leyes más impopulares o incómodas. Seguramente Bush, como otros presidentes, haga uso de su poder de indulto antes de abandonar el Despacho Oval y utilice las últimas bocanadas de aire de su presidencia para pensar en aprobar otras medidas impopulares: ahora ya no necesita una reelección.

La política y la economía mundial se resienten de esta situación. El hecho que la persona al mando de la mayor potencia del mundo tenga ya una fecha de caducidad, merma su poder e influencia, tal y como estamos viendo en la crisis de Gaza. Tampoco hay muchas esperanzas que Estados Unidos ejerza una presión tal contra Israel para que considere sus ataques. Tampoco ocurriría con Obama en el Despacho Oval, pero sin duda la indefinición del momento es más palpable que nunca.

La Transición también tiene efectos en la confianza de los inversores y consumidores. Aunque el contexto está más enrarecido que nunca, es probable que reciban a Obama con un aumento en la confianza del sistema, pues se espera de él -y no porque sea mejor que otros, sino porque será la persona al mando- que dé los primeros pasos hacia la recuperación.

Para bien o para mal, la toma de posesión se acerca de manera imperiosa. Los preparativos que ya estaban en marcha en noviembre, con una vista del Capitolio llena de andamios y maderas, así como el ala norte de la Casa Blanca, están llegando a su fin. Las entradas para el juramento de Obama están agotadas y los bailes presidenciales se ultiman. The Blair House, la casa de invitados de la Casa Blanca, aún no ha sido cedida a los Obama por parte del presidente Bush, un retraso que tiene mucho de político. Así que los Obama vivirán en el famoso hotel Hay Adams como residencia. Este hotel está situado en la calle 16 y sólo un parque lo separa de la residencia presidencial. El edificio que, dicen, alberga un fantasma, es el lugar usado por la prensa internacional para dar sus crónicas desde la capital americana. Seguramente se habrán fijado en muchas ocasiones que tras el periodista aparece la Casa Blanca y el monumento a Washington en una perspectiva impresionante. Pues bien, está tomada desde el hotel que hoy aloja a Obama.

En Estados Unidos todo lo relacionado con la presidencia tiene un aire a ritual que maravilla. Estamos a pocas semanas de experimentar uno de sus momentos clímax, la toma de posesión. La semana que viene les daré más detalles de esta ceremonia que guarda el espíritu de la tradición, la solemnidad y el poder político de la carga que tiene un discurso inaugural.

21 abr

Next question

El nomenament de Nieves Goicoechea com a Secretària d’Estat de Comunicació suposa una excel·lent oportunitat per a reflexionar sobre la naturalesa del càrrec que ocupa. És necessari que, amb un portaveu del Govern com és la Vicepresidenta, existeixi una Secretaria d’Estat (amb el rang i recursos que això suposa), per ocupar una posició coberta per De la Vega? Què fa una Secretària d’Estat de Comunicació que no faci un portaveu?

Cal reflexionar sobre el model orgànic de la comunicació d’aquest Govern. Cal fer-ho si es vol ser efectiu i recollir bons resultats de l’acció de govern i de la manera en com es comunica. Cal fer-ho si no es vol errar i evitar que els ciutadans percebin que el Govern està fent el que pertoca: governar.

És sostenible un sistema en què la Vicepresidenta (segona personalitat del Govern) és la portaveu (amb el desgast que suposa, per molt que en la primera legislatura ha estat la part sensata del govern i n’ha sortit reforçada) única del govern i duu tot el pes d’aquest davant dels mitjans? Es sostenible mantenir paral·lelament una estructura comunicativa sense projecció exterior?

Al meu entendre, La Moncloa necessita una Secretària o Secretari de Premsa que sigui el portaveu ordinari del govern. La Moncloa hauria d’habilitar un espai còmode per als periodistes acreditats al Palau i s’hauria de permetre el contacte constant amb la persona que ocupi la Secretaria d’Estat. Només d’aquesta manera es pot justificar que aquest Secretari d’Estat tingui els privilegis que té el càrrec. La idea seria el model de secretari de premsa del govern americà.

A la Casa Blanca, aquesta figura té el rang immediatament inferior al de membre del gabinet (Secretaris, l’equivalent al Consell de Ministres espanyol) i informa constantment sobre el president i la seva administració i els fets que puguin passar al món. És evident que la projecció que té és enorme.

Per evitar aquest protagonisme que els polítics espanyols no voldrien cedir, la figura del Secretari d’Estat hauria de ser sobretot operatiu: un portaveu autoritzat i constant que només cedeix el micròfon a la roda de premsa del Consell de Ministres, on hi és present. Organitza els missatges del govern i s’encarrega que tots els ministeris estiguin coordinats. En definitiva, rebaixar la projecció del secretari americà però donar-li el pes que correspon a una secretaria d’Estat.

Si el cas és mantenir un alt càrrec i que treballi com si tingués un rang menor, caldrà pensar-hi i estalviar aquests diners. Goicoechea és una aposta personal del President, a la que s’ha encomanat transparència, tot i que és evident que agafar a una periodista en actiu de la SER fins fa una setmana, per molt respectada que sigui per la professió, no resulta el millor exemple conciliador. I molt menys les paraules de Moraleda, el Secretari d’Estat de Comunicació “por accidente” que va fer una tasca nul·la: qualsevol periodista pot arribar a Secretari d’Estat… una mostra més de la particular relació entre la política i els mitjans a Espanya.

Només el temps dirà si l’aposta de Zapatero ha estat l’adient, en tot cas i com fèiem fa uns dies, li desitgem sort.